RUBEN SANTIAGO

Publicado el 06/04/2017
Tiene más de cuatro décadas dirigiendo su restaurante La Casa de Rubén en Porlamar y es autor de los libros “Recetas Margariteñas” de El Nacional, y “La vuelta a Margarita en 80 platos”

RUBEN SANTIAGO: ENTRE  SABERES, SABORES Y QUERERES

El poeta Facundo Cabral en una de sus parrafadas salidas, para referirse a la vida, nos dijo:

El hombre…

Nacer, no pide

Vivir, no sabe

Morir,  no quiere

Al extrapolar estas expresiones a nuestro homenajeado de hoy podemos decir:

Rubén…No pidió nacer en Sabana Grande de Trujillo, porque estamos seguros que si le preguntaban ¿Donde quería nacer? hubiese respondido inmediatamente: aquí en la Isla de Margarita.

Rubén…Vivir no sabe…porque durante toda su vida le ha importado los otros, la gente que está a su alrededor, su mano extendida es su símbolo, su abrazo es su acción.

Y la última parte es obvia…rogamos todos los días a Dios nuestro padre y la Virgencita del Valle por su salud….y así permanezca por muchos años más entre nosotros.

Rubén…

Tiró el ancla y se fondeó en el corazón de la isla de Margarita.

Lanzó sus redes y pescó el alma de sus amigos.

Sazonó su espíritu y se quedó en el paladar de su gente.

Condimentó su vida y permanece entre nosotros para siempre.

Trituró y tamizó sus aficiones para filetear y freír la envidia.

Corrió embelesado tras las “Recetas Margariteñas” y le dio “La Vuelta a la Isla en Ochenta Platos”

Cuando le tocó corregir, ablandó sus impulsos y puso a punto su rumbo, pudo desescamar las malas influencias, así al templar su almíbar, rectificó a tiempo para moldear su envejecer y al tomar cuerpo, aprovechó para racionar y  reforzar su empanizada alma caramelizada, y acompañado de un coctel de buenas intenciones, fue amasando el gran amor de vida: el arte de cocinar.

No ha querido mechar, hervir ni rallar su conducta, la echó a macerar para que se adobara y se aliñara con ají margariteño, deshuesó  los odios, puso a sofreír las vanidades y en una olla de presión introdujo las mentiras, en baño de María hundió las falsedades y para que se asaran en sus propias brasas colocó en una parrilla los rencores.

En la mezcolanza de su vida, engendró el pastel de chucho y convirtió a la ensalada de catalana en la compañera de todos los días, unos camarones se quedaron dormidos y cuando se despertaron estaban con bienmesabe, y dio con el punto del Mojo margariteño, amigo inseparable del buñuelo de yuca y unos mariscos que nadie les paraba, les dijo un día vengan conmigo y los volvió a la vida,  en Coche se enamoró de las huevas de lisa y tomó unos tragos con los abalones del Bichar, por Gasparico se fue de farra con unos guacucos y los convirtió en crema, cerca de las Tetas de María Guevara al erizo, amigo de él, y a pesar de las espinas,  lo volvió tortilla, cuando llegó frente a Juan Griego nos invitó a un sancocho de pescado, y al atardecer estaba escondido, porque las empanadas de cazón las mas viejitas lo estaban buscando para besarlo y para quedar bien con la raza primigenia invitó a unos calamares a convertirse en Guaqueri, ya había pasado por Fuentidueño y se empalagó con piñonate.

Rubén es un visionario, y estoy seguro que soñó con Margarita Gastronómica, solamente el contemplar su espontanea sonrisa en cada evento, cuando lo vemos degustar en cada concurso, en cada feria, su entusiasmo contagia y su voluntad, constancia y amistad son un estímulo para seguir adelante, su querencia por nuestra Isla se vive y se siente en su restaurant “La Casa de Rubén” un acogedor espacio, donde se conjugan en cada receta, la amabilidad y la atención de su personalidad.

Rubén Segundo Santiago Aguiar, está sembrado en la margariteñidad, sus gestos y su amor por la isla de Margarita lo han convertido en uno más de nosotros, embajador de nuestra identidad gastronómica y ejemplo de esos hombres y mujeres que han hecho suyo el sentido de pertenencia donde habitan nuestras costumbres, valores y creencias.

VERNI SALAZAR